Nadie como tú

Está todo demasiado quieto aquí, ¿no? No sé dónde estarás. Y ya no sé qué palabras escribirte que no haya podido decir ya en frases manchadas del humo azul del tabaco.

Persigo tus manchas azules en forma de frases saliendo de mí para chocar con una pared de piel sucia y cansada. Mis manos están encallecidas de tapar mis oídos para dejar de escuchar lo solo que estoy. Mi garganta está seca y rugosa de gritarte que necesito que me digas algo. Que necesito que me rescates de dentro de mí, de dentro de este agujero demasiado pequeño donde mis cuerpos no te tocan ni te sienten el aliento más que en la nuca, siempre detrás de mí, susurrando mi soledad a gritos con timbre de campana.

Me aovillo en vertical para no tener que fingir que soy tú y poder dedicarme a mentir sólo sobre mí mismo. Con el miedo a que estés a la salida y no poder verte.

Si me enjabonara el cuerpo con tus poesías no estaría más sucio de lo que estoy. Sucio de arrastrarme por mi propio fondo. Sucio de llorar mis propias lágrimas. Sucio de la tinta de mis palabras llenas de vacío de sentido si tú no puedes escribirlas.

¿Y si nadie escribiera mis palabras? ¿Nadie como tú?

Y si nadie

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